martes, 5 de julio de 2011
Sobre Inflación (Parte III)
sábado, 9 de abril de 2011
Sobre Inflación (Parte II)
la técnica de imprimir imágenes y caracteres sobre papel era conocida en Oriente y Occidente antes de la llegada de la imprenta de tipos móviles de Gutenberg (siglo XV). De hecho en China esta técnica ya era practicada desde el siglo VIII. Además de los textos sagrados, archivos históricos y anales que se imprimieron durante siglos, Marco Polo encontró en su visita a China en el siglo XIII, un papel impreso que era usado como “moneda oficial”, del cual afirmaba: “un papel que vale diez besantes no pesa ni uno” (Boorstin, 2000, p.483); y también agregó: “El Kan (refiriéndose al emperador Kublai Kan) ha hecho tal cantidad de este dinero que podría comprar todos los tesoros del mundo” (p.483).
En el libro “Los Descubridores”, Daniel Boorstin (2000) señalaba extractos de las narraciones históricas de Ma Tuan-lin (siglo XIII; repito... siglo XIII) quien decía refiriéndose al papel moneda:
La gente ya no les tenía ninguna confianza y hasta los temían. El pago de las compras del gobierno se hacía en papel. Los fondos de las factorías de sal eran en papel. Los sueldos de todos los funcionarios se pagaban con papel. Los soldados recibían su paga en papel. De las provincias y distritos que estaban endeudados no había ninguno que no pagara en papel... Así, era natural que el precio de los productos subiera mientras el valor del papel disminuía cada vez más. Ello hacía que la gente descorazonada, perdiera los ánimos. Los soldados estaban continuamente excitados por miedo de no tener qué comer y los funcionarios inferiores de todas las zonas del imperio se quejaban de que no tenían suficiente para cubrir sus necesidades básicas. Todo ello era consecuencia de la depreciación del papel moneda (p.484)
El propio Boorstin agrega:
Las extravagancias del gobernante mongol Giajatu Kan, entre 1291 y 1295, agotaron el erario, situación que trató de remediar emitiendo papel moneda. Cada uno de los billetes, impresos en chino y árabe en 1294 mediante grabado de madera, llevaba la fecha de la era musulmana... y la op
timista predicción de que “la pobreza desaparecerá, los alimentos se abaratarán y los ricos y los pobres serán iguales”. Pero el encantamiento no funcionó. Al cabo de unos pocos días de uso obligatorio del papel el comercio se interrumpió, los mercados se cerraron y el delegado para asuntos financieros de Kan fue asesinado (p. 484-485)
Cierro esta segunda parte y dejo abierta la puerta de la tercera, con esta anécdota extraída de La revista La Ilustración Liberar (¡Párelos!, Fernando Diaz Villanueva, num 24, 2005):

Cuentan que, durante la gran inflación de los años 20, las autoridades económicas de Austria pidieron ayuda al economista Ludwig von Mises para poner freno a una situación que ya se les había ido de las manos. Mises, cuyas recetas para el buen gobierno económico habían sido repetidamente ignoradas, se mostró dispuesto a colaborar y citó al ministro de Finanzas a altas horas de la madrugada junto a los muros del Banco Nacional. El ministro se quedó atónito, pero, dada la desesperación en
que se encontraba, aceptó la extravagante invitación. A la hora convenida el profesor Mises se presentó solo y preguntó a sus interlocutores:Ver el artículo completo en: http://www.ilustracionliberal.com/24/parelos-fernando-diaz-villanueva.html
– ¿Qué es ese ruido tan persistente que se oye desde aquí?
A lo que el director del Banco Nacional replicó:
– Son las máquinas del banco acuñando billetes, señor Mises.
El economista se detuvo un instante y sentenció con aplomo:
– Pues bien, caballeros, si quieren ustedes poner coto a la crisis económica que nos aflige, párenlas.
Poco después, el Banco Nacional de Austria dejó de imprimir papel moneda y, como había predicho Mises, la crisis remitió. Desde entonces, ni los austriacos ni sus hermanos alemanes han vuelto a padecer el suplicio de la superinflación. Cosas de la memoria histórica, que, cuando quiere, hace mucho por evitar que los países caigan en errores del pasado.
martes, 8 de marzo de 2011
Sobre Inflación (Parte I)
Una definición actual de inflación es: incremento continuo y generalizado de precios. Lo interesante acá es que al dar una breve mirada a la historia de la inflación se termina por notar que ésta vendría a ser una definición basada en “consecuencias”.
Otra perspectiva de la inflación, más próximo a la cotidianidad familiar, sería: pérdida del poder adquisitivo. Aunque esta definición estaría más cerca de la idea original detrás de la inflación, seguiría siendo una consecuencia en lugar de una definición.
Cabría preguntarse, entonces ¿Cuándo hablamos de inflación qué es aquello que se infla realmente y por qué?

Adicionalmente y en aras de mantener el gasto militar, Caracalla profundizó una medida que venían aplicando Emperadores anteriores. La moneda circulante en esa época era el Denario (origen, po
r cierto, de la palabra Dinero), creado en el siglo III AC por Augustus y que estaba compuesta en un 95% de plata. Este porcentaje fue disminuyendo a lo largo del tiempo hasta que Caracalla redujo su composición de plata a 50%; lo que le permitía fabricar más monedas con la misma cantidad de plata. Este penoso destino también lo sufrieron las monedas de oro; las cuales en tiempo de Augustus se acuñaban a razón de 45 por cada libra de Oro; para finalizar degradadas a 72 por libra de Oro, durante el gobierno de Constantino.
Esta “disminución” de metal precioso por moneda acuñada, permitió en contraposición incrementar la cantidad de monedas que circulaban en el imperio, es decir, esta estrategia permitió inflar la cantidad de monedas circulante. Precisamente esta inflación de monedas, vía devaluación, hacía elevar de manera ficticia la riqueza del gobierno Romano; manipulación que es conocida con el nombre de “señoreaje” (pueden ver más de esta historia en el link: http://www.elcato.org/la-inflacion-en-el-imperio-romano). De tal manera que la inflación originaria provino de la expansión de la cantidad de monedas con lo cual se pretendía cubrir el déficit del gasto militar.
Es razonable pensar que los comerciantes de la época demandaran mantener la cantidad de metal precioso percibido por el intercambio de sus productos, en virtud de lo cual los precios de los artículos aumentaron en proporción a la degradación del porcentaje de plata y oro en las monedas. Es decir, los precios en el Imperio Romano del siglo II-III subían como consecuencia de la inflación y no al revés.
Una historia similar ocurrió en la China del siglo XIII, pero prefiero dejarla para la siguiente entrega.
domingo, 13 de febrero de 2011
Señales de Totalitarismo
El totalitarismo es un precepto relativamente contemporáneo; para Leibholz, en su libro Problema Fundamental de la Democracia Moderna (1958), es “el fenómeno político por excelencia del siglo XX”.
La idea proviene de la concepción de un “Estado Total”, en el cual el Estado y Lo Público se han propuesto aplastar y/0 ridiculizar lo privado e individual. Regímenes estandartes de esta idea son el nacional-socialismo de Hitler, El Comunismo de Stalin o el Fascismo de Mussolini.

En un ensayo sobre el poder totalitario (libro: Sobre el Poder, editado por Manuel Menéndez Alzamora, 2007), Ricardo Martín de la Guardia indica: “existe (...) unanimidad al considerar que el fenómeno totalitario está provisto de una ideología oficial definida por el Partido y por el líder, quienes asaltan las instancias del Estado hasta someterlas a su única voluntad”. En este mismo ensayo se menciona el trabajo de Leonardo Morlino quien caracteriza a los sistemas totalitarios de la siguiente manera; por favor presten atención a esta parte:
- Ausencia de pluralismo (...) caracterizado por el papel preeminente del partido único (...) estructura burocrática y jerárquica, articulada a través de una serie compleja de organizaciones que sirven para integrar, politizar, controlar, y empujar a la participación a toda la sociedad civil (...)
- Presencia de una ideología articulada y definida con precisión, destinada a la legitimación y al mantenimiento del régimen, y a dar contenido a las políticas de movilización y a las mismas políticas sustantivas;
- Presencia de una movilización alta y continua, sostenida por la ideología y por las organizaciones partidarias y sindicales, aunque estas últimas subordinadas al partido;
- Un pequeño grupo o un líder en la cúpula del partido único;
- Límites no previsibles al poder del líder y a la amenaza de sanciones.
Contemplamos así el coctel Totalitario: Líder carismático con mucho poder, Ideología política o utopía y Movilización.
Sería un atentado democrático aglutinar, en este caso, las frases “cualquier parecido con la realidad” y “es pura coincidencia”; en tanto que representaría una legitimación por inacción. Sugeriría en todo caso la oración: cualquier parecido con la realidad, activar alarma y conciencia.
En democracia contamos con una herramienta poderosa: Capacidad de Legitimar; para ello, cuando las señales se asoman, hay que prestar atención.

Fernando Savater en su libro Política para Amador (1997) sintetiza con simpatía uno de los aspectos de este drama; dice: “Suele llamarse utopía a un orden político en el que predominaría al máximo alguno de nuestros ideales (Justicia, Igualdad, libertad (...)) pero sin (...) contrapartida dañina. Como proyecto (la utopia) es una tontería (...). En cuanto a imposición es todavía peor, como han demostrado en este siglo los totalitarismos (siempre con pretensiones utopistas): es el sueño de unos pocos que llega a convertirse en pesadilla para todos los demás”.
Enlances:
Leonardo Morlino. Las Alternativas no democráticas.
http://www.revistapostdata.com.ar/files/pd_pdf_10006.pdf
Sobre Leonardo Morlino
domingo, 23 de enero de 2011
Final de las primeras reflexiones (Yo no soy Yo IV)
Rescato de entre estos primeros artículos, la oración que escudriñaba: “Exijo lealtad a mi liderazgo, porque yo no soy yo, yo soy el pueblo y el pueblo se respeta” (Hugo Chavez, 23/01/10). Iniciaré esta última parte refiriéndome a la primera frase de esta oración: “Exijo lealtad a mi liderazgo...”
“Exijo Lealtad” confirma sin reserva la concepción particular con la que el gobierno Venezolano concibe la relación entre el presidente y sus acólitos. La Lealtad está asociada en primera acepción con fidelidad y viceversa. Otras implicaciones como la obediencia del vasallo a su monarca; el compromiso en cualquier circunstancia por buena o mala que sea y el amor, también forman parte del círculo íntimo de la lealtad. Por supuesto, son los fieles quienes con su fe, proporcionan Lealtad o fidelidad. La conexión “exigida” entonces, no es el deseable “frágil vínculo” político entre ciudadanos y gobierno; sino la amalgama inquebrantable de la Fe; esa misma que está relacionada en primera acepción con las creencias religiosas, no con la política.
Se dice que el hombre es un ser sociable; mas en estado natural esta sociabilidad está limitadas a familias y tribus. Crear sociedades de miles y de millones ha requerido milenios del profundo ejercicio de racionalidad que dio origen a la Política la cual, por racional, “exige” un elevado nivel de objetividad. Entonces el vínculo entre ciudadanos y gobierno debería estar supeditado a la evaluación de resultados de la gestión. Es simple: “Si no cumples, te vas”.
Antes hice uso de la palabra “amalgama”, pues representa una unión de cosas diferentes; entonces la Fe religiosa resultaría una amalgama entre nuestra racionalidad y la irracionalidad que da vida a seres sobrenaturales. Ladislao Vadas decía que la base de esa amalgama llamada Fe religiosa surgió de una emoción: El miedo (El Origen de las Creencias, 1994). ¿Habrá igualmente alguna emoción que alimente esa Fe que exige el presidente de Venezuela y que demuestran sus seguidores? Seguramente muchos compartirán conmigo que sí y que esta emoción es el resentimiento. Y son precisamente este resentimiento y esta Fe los que han propiciado este sectarismo o fanatismo con visos religiosos, en tanto que el presidente es visto por muchos de sus seguidores como el Mesías; percepción que él mismo intenta reforzar y legitimar cuando grita con pasión: “Yo soy el pueblo”
Anteriormente dejaba una pregunta abierta: ¿No deberían dispararse las alarmas de nuestra consciencias democráticas ante tales declaraciones? (“Exijo lealtad”, “Yo soy el Pueblo”). ¿Por qué una alarma? Pues bien en este caso la alarma representaría una “toma de consciencia”; el despertar en medio de una realidad inconveniente; el reconocimiento necesario de una extralimitación “innecesaria” cuya legitimación siempre estará en nuestras manos. Me parece que en democracia el poder debe asignarse a la institución y no a la persona que la representa. Revolución o no, Venezuela tiene una democracia. Si los ciudadanos perdemos objetividad, la democracia pierde solidez. Siempre me pregunto: ¿Luego de dotar al actual presidente de tanta discrecionalidad, cómo sus partidarios evitarán que un próximo presidente abuse de ésta? Creo que la respuesta es obvia: Para estos partidarios un escenario así, nunca llegará.
Links relacionados:
Texto sobre origen de la palabra Lealtad
http://www.worldlingo.com/ma/enwiki/en/Allegiance
Comentarios sobre el resentimiento
http://www.magazinedigital.com/salud/psicologia/reportaje/cnt_id/987
domingo, 9 de enero de 2011
Legitimación del Poder (Yo no soy Yo III)

No es fortuito que estos dos importantes reveses a la historia democrática de épocas recientes fueran coronados con estas frases que hoy por hoy nos resultan paradigmas de tiranías. Sin profundizar entre las diferencias conceptuales de creerse “El Estado”, “La Sociedad” o “El Pueblo”, que me parece que las hay y son importantes, las frases en sí representan la culminación de la metamorfosis de la que surgieron estos regímenes que usurparon el poder de los individuos de sus respectivas sociedades.

El influyente filósofo del siglo XVIII, Jean-Jacques Rousseau, proponía la existencia de una suerte de individuo llamado El Pueblo que contaba con una voluntad propia a la cual denominó Voluntad General; ideas que posteriormente justificarían el forzamiento de la unanimidad, en cuyo nombre la Revolución Francesa decapitó a innumerables traidores de dicha “voluntad” y por asociación, de la revolución misma.
Estrujados como estamos con gobernantes poderosos que se creen estado, sociedad o pueblo y una revolución que mata en nombre de una abstracta “voluntad general”, volvemos líneas arriba a uno de los sujetos clave de la discusión: “La Legitimación del Poder”. El foco sobre este sujeto quizás ayude a hacer más clara la pretensión de un gobernante tras la frase: “Yo Soy el Pueblo”, pero lo más importante y aspecto definitorio del hecho democrático, este foco nos devuelve una responsabilidad que estructuralmente nos pertenece: legitimar o no el poder del gobierno.
Entonces, la intensión del gobernante se aclara: Soy el Pueblo razón por la cual la voluntad general me pertenece; sumo otro aderezo: Max Weber definía el poder como “la probabilidad de imponer la propia voluntad”. ¡Un momento!, si esta voluntad que se intenta imponer es La General, es decir la voluntad del pueblo, entonces el poder estaría perfectamente legitimado y por ende, sería absolutamente aceptable esta imposición; de tal manera que la usurpación de poderes no sería tal y muchos menos una tiranía; quedaría así este gobernante, auto-identificado como el pueblo, justificado por la historia y por el imaginario popular.
¿Podemos esperar de esta declaración una finalidad distinta a un intento de legitimación de poderes usurpados o retenidos por tiempo indefinido? ¿El desarrollo de un país amerita un identificación como esta? De nuevo ¿No deberían dispararse las alarmas de nuestra consciencias democráticas ante tal declaración?
Me falta una última parte para cerrar este tema... les aseguro que es la última.
Continuará...
lunes, 27 de diciembre de 2010
"Por otro lado" (Yo no soy yo II)
El consenso actual define a la democracia como el gobierno del pueblo y más aún el poder ejercido por el pueblo; de tal manera que el hombre de una sociedad democrática idealmente reconocería que el poder le pertenece y su dilema, tema básico de la historia política y filosófica de la democracia, sería cómo y cuánto licenciamiento de este poder se debería entregar a un grupo reducido, Gobierno, para que administrado de manera controlada eleve el nivel de beneficio individual, más allá del lugar que alcanzaría con el trabajo puramente individual o tribal.
De tal manera que el intríngulis en relación con el poder en un sistema político de igualdad como el democrático, derivaría de la tensión constante y deseable entre dos polos básicos dotados de este poder: El Gobierno, que intenta legitimar su poder vía “fines” y el pueblo, al cual el poder pertenece de manera natural y que se debate por hallar el nivel mínimo de poder con el cual dotar al gobierno para garantizar un ejercicio eficiente; y por cómo controlar los límites del tal licencia, tras reconocimiento del riesgo de que una acumulación exagerada de poder degeneraría en una tiranía o peor aún en dictadura.
De vuelta al punto de partida nos preguntamos: ¿Cuál sería entonces la verdadera dimensión de la frase “Yo no soy yo, yo soy el pueblo” (Chávez 23/01/10) en el contexto del otorgamiento controlado y uso limitado del poder? ¿Hablamos acaso de una declaración o identificación aberrante, en cuanto malsano o demasiado viciado, que pretende acercar los polos para asirse de poderes extraordinarios sin convencimiento por fines o debate de causa? ¿Disparó esta frase alguna alarma en nuestras conciencias democráticas?
Continuará...
